Apegándome al código

28 01 2009

Hay una vocecita susurrándome al oído que rompa mis códigos, que libere las puertas del infierno que guardo.

Vengo resistiendo estoicamente, mas allá de lo que creía soportar. Aunque ya no sé si es por miedo a perder mi alma o a salir beneficiado.

El liberar ese infierno tal vez pueda lastimarla y alejarla de mí. Y tal vez esto sea lo peor que me puede pasar, o sea un punto de quiebre, para una vida sin ella, una nueva vida libre de ataduras, conviviendo con mi propia oscuridad y lejos de esa puja por el control.

Es otra vez esa encrucijada de la que ya hablé hace tiempo… un demonio que quiere ser humano; un humano ansiando ser un demonio.

Estoy convencido que puedo ganar esta batalla manteniendo mi dignidad a costa de todo, y tal vez sea la única vez en mi vida que ponga toda mi energía y empeño en algo, manteniendo las puertas del infierno cerrado y el código que guía mis pasos intacto.

Y entonces así sea humano.

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Nuevo comienzo

16 01 2009

Me mudé hace una semana.

Ojalá hubiera sido a un depto solo, pero no, volví a ser un apéndice de mis viejos.

Mi viejo aprovecha la nueva vista para vigilar y alimentar su paranoia, no sólo con respecto a mí, sino que ahora tiene visión de lo que sucede en la calle.

Mi mamá… bueno, ella siempre fue difícil de tratar, ahora su obsesión por la limpieza y el orden choca con el tiempo que viví sin ellos, quiere que el nuevo hogar parezca recién estrenado hasta el día que me vaya.

Pensé que el tiempo de adaptación iba a ser corto, pero la verdad me equivoqué. El cambiar de cama, inodoro, almohadas, olores, tiempos…

Mi cabeza es un caos, no en el sentido del que hablo siempre, es decir, siempre estuve desorientado, pero ahora también agotado, por suerte comenzaron mis vacaciones, así voy a poder analizar mejor mi situación, adaptarme a esos seres que me engendraron, y tal vez dormir mejor, al menos por estos quince días que por ley me corresponden.

Una de mis mayores quejas Antes podía tomarme mis tiempos con mas soltura, podía llegar al trabajo un poco mas tarde, mas allá de la reprensión de mis viejos, ahora me veo forzado a cumplirlos, mas allá de que no cambió en nada mi situación laboral, sigo trabajando en el mismo lugar, tengo el mismo horario…

Pero “el ojo que todo lo ve” hace que cumpla con mis horarios, no hay una obligación explícita, pero mi viejo ahí está controlándome.

Creo que había reprimido ese costado de mi vida, mi adolescencia temprana y media por así decirlo, porque no cabe otra explicación, ahora ellos conocen todos mis horarios, cuando me voy, cuando llego, y adonde fui.

En 6 meses me voy a vivir solo.