Inocencia

27 11 2008

Viajaba en el colectivo con los anteojos negros y los auriculares, jugando a lo mismo que jugamos todos los que andamos en transporte público, hacernos los invisibles.

En frente mío tenía a dos chicos y una señora. A mi parecer tenían 15, 17 (a juzgar por la altura de uno de ellos mas que por su aspecto) y cuarentay…… cincuentialgo la mujer.

El mas chico (de edad y altura) estaba a mi derecha, tenía una botella de 7up en la mano, mientras hablaba de algo con la mujer, no sabía bien de qué, Jimi Hendrix tenía el volumen alto. Comentaba cosas de a rato, mas como meter bocadillos que otra cosa. Se notaba su nerviosismo ocultado, mordía un poco la botella, miraba para todos lados.

El otro (tal vez un poco mas grande de edad pero bastante alto, 1.80m y monedas) era una caricatura. Era el estereotipo de adolescente inexperto/nerd. Sonrisa nerviosa, anteojos, granos en la cara, una pelusa que simulaba ser barba y bigote, y para colmo, lo más patético; la remera metida dentro del pantalón, una remera negra, que podría pasar desapercibida como una remera cool, pero guardada dentro de un jean. Su timidez me resultaba ciertamente exasperante: no siempre hablaba con la mujer, y eso que estaba en el medio de ellos, hablaba poco y con su amigo casi, y éste le hacía las veces de intérprete, mientras mantenía esa sonrisita de mezcla de nerviosismo y algo mas que yo lograba ya intuir.

La mujer como dije ya, tenía unos 40 y tantos bastante largos, probablemente mas de 50, pero, no soy muy bueno aplicando criterios. Tenía un ramo de jazmines en la mano, cuyo perfume sin dudas matizaba el inaguantable vaho que circulaba en el colectivo esta tarde calurosa de noviembre. Lo que descolocó mi cálculo de edad fue un brillito en su nariz, un pequeño piercing, disimulable por el tamaño, pero estaba ahí. El resto de sus características decían 50 años recién cumpliditos. Durante el viaje y su escueta charla con los muchachos ella estaba bastante tranquila, como si nada, aunque su cara denotaba una ligera mueca, casi sonrisa, pero mi mente ya en ese momento decía que ella sabía algo mas.

(Sigue en el link)Para ese momento me había interesado un poco en la charla, ya podía dilucidar algunas cosas de las que hablaban, cosas bastante triviales, como la edad de los chicos, o si habían probado alcohol, hasta que el mayor, el nerd, el tímido, soltó (a un tono de voz normal, por eso pude escucharlo sin problemas mas allá de la música) un “mi mamá no se va a enterar no?”

Podrían haber estado hablando de droga, cigarrillos, o vaya uno a saber qué, pero YO estaba seguro que los chicos iban a tener su iniciación con esa señora, la cual no por su edad, pero sino por su vestimenta desenfada, (era un vestido floreado, nada del otro mundo) nunca habría tomado por prostituta. De hecho tampoco lo estaba pensando en ese momento, tal vez era amiga o conocida de la madre de alguno de ellos, y simplemente estaba necesitada de favores sexuales.

Una mano lava la otra y entre éstas lavan la cara. O así pone el dicho.

La charla entre ellos siguió, y la inquietud de los chicos crecía a medida que pasaban las cuadras. En otro momento, el grandote (ya para ese momento se había soltado un poco más) contaba algo de la miel, y no se qué cosa, que una lengua, y no se qué otra… tal vez era simplemente mi mente enfermiza que encontraba una segunda lectura a la conversación de esos chicos tan inocentes con la vieja (sí, era vieja, al carajo con los sinónimos).

Entonces la VIEJA acomoda su cartera y se incorpora un poco, era claro que iba a bajar, los chicos se incorporan también y se acercan a la puerta de bajada, yo aprovecho para apoyarme sobre la ventana que ocupaban, y giro, mirando a la puerta.

Habían bajado luego de 22 cuadras de viaje (bah, 22 cuadras desde que yó subí hasta que ellos bajaron), pero yo lo había sospechado desde un principio…estaban entrando a un prostíbulo.

Los chicos, inocentes tal vez, creían que iban a salir de ahí convertidos en hombres: sus granos se iban a ir de su cara, su barba y bigote se engrosarían, dejarían de tener miedo, vergüenza y timidez; y la remera del mas grande tal vez podría llegar a vivir por fuera de su pantalón.


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