Tal vez sin buscarlo conscientemente, la sangre que corre por mis venas corroe día a día la coraza metálica del demonio que habita en mí.
Me dí cuenta el domingo pasado. Mi vieja contaba en la mesa cómo fue la noche en que operaron a mi hermano cuando éste era un recién nacido. Si bien hoy en día mi hermano goza de mejor salud que yo, y en su momento yo era bastante chico, tengo pocos recuerdos y comprendía poco la magnitud de la situación. Sentí por un momento cómo mis ojos se ponían vidriosos, y una angustia oprimía mi pecho, pero controlé la situación.
Ayer sucedió otra vez.
Mientras veía por televisión cómo un hombre perdió el control, atropelló al menos a ocho personas y arrastró a otra por debajo de su auto, la cual murió camino al Hospital (Y encima estos medios morbo/amarillistas que no dejan pasar una) tuve que dejar el comedor porque otra vez me sentí mal. Muy mal por lo que le había pasado al pobre hombre que fue arrastrado y murió asesinado.
Tengo miedo de perder definitivamente el control sobre mis emociones.


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