Acabo de volver de visitar a mi abuelita que está hospedada en un geriátrico. Si bien uno siempre cuando llega se siente un poco incómodo, hoy no sabía en qué agujero esconder la cabeza.
Saludé a mi abuela y me senté al lado de ella y mi madre, a lo que una viejita que estaba en otra mesa me dice algo y extiende la mano como para darme un apretón de manos (Bueno, que se yó, la saludé). A lo que parece que intentó darme charla un par de veces pero me hice el boludo.
Acto seguido se levanta de su silla, una viejita en la otra mesa le grita: “¡¡Adela Sentate!!”, pero parece hacerle caso omiso, y con una sonrisita parece acercarse a mi (yo ya estaba BASTANTE INCÓMODO) y al llegar a donde estaba yo me dice algo ininteligible dada su falta de dentadura. A lo que respondo con un “¿Perdón? No la entiendo señora” y me responde con un sí. ¿Sí qué? mi mamá me mira y con una sonrisa nerviosa me dice que la ignore.
No puedo andar por ahí ignorando a la gente, por mas que sea una viejita senil. De casualidad salió el tema de que mi mamá le compró un colchón nuevo a mi abuela, así que dice de ir a su cuarto a ver el colchón, obviamente soy el primero en pararme y escabullirme para safar de la situación, me acerco a alguien que trabaja ahí para preguntar cual es el cuarto de mi abuela, A LO QUE SE ME ACERCA OTRA VIEJITA y se pone a contarme de la hija que le trajo no sé que cosa (en ese instante mi mente ya hizo un parate y dijo:
LOCO ME QUIERO BAJAR,
this is too much). Huí despavorido hacia el cuarto de mi abuela, volví a la mesa (la viejita que me hablaba se había ido) me quedé un rato mas y luego me fui.
Decidí que no quiero llegar a viejo, con el estilo de vida que llevo dudo que llegue sano a los 50.
¿50? ¿qué digo?
40 con suerte.
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